El inicio del año escolar está coincidiendo con el comienzo de un nuevo período municipal. En diciembre pasado asumieron sus funciones por cuatro años nuevos alcaldes y concejos municipales; es una gran oportunidad para plantear desafíos a un sector que en los últimos tiempos ha concentrado una variedad de críticas, especialmente provenientes de los actores más relevantes del sistema escolar, como lo son los profesores, los alumnos y sus padres.
Aprovechando esta fecha es que creemos necesario delinear cuáles deberían ser nuestras ocupaciones, nuestras tareas en este nuevo período, en aras de ofrecer una educación y formación adecuadas a las demandas actuales de la sociedad chilena.
1. Debemos formular una política integral de gestión local, que permita llevar adelante un proyecto comunal de educación. Aquí es necesario articular los proyectos educativos de las escuelas y liceos con las aspiraciones de la comunidad en torno a los desafíos valóricos y académicos de los establecimientos con financiamiento público.
Los recursos de los cuales disponemos tenemos que focalizarlos en configurar un sistema de administración local que tome decisiones con seguridad, que apoye a sus escuelas y profesores en sus ambiciones educativas y que éstos actúen con honestidad profesional, no sólo como funcionarios tradicionales que llegan y se van a la hora, sino como gestores creativos y facilitadores de aprendizajes y convivencias promotoras de mayores niveles de dignidad para sí mismos y para sus alumnos y comunidades escolares.
2. Tenemos que construir un modelo flexible de gestión escolar que dé cuenta de las particularidades de las comunidades educativas y no de las características personales de los directivos. La transitoriedad de éstos hace más urgente un levantamiento de perfiles de los profesionales propicios para las comunidades que tenemos y un plan para superar la brecha de capacidades existente. Así como es impracticable imponer un modelo único, también lo es no hacer nada al respecto y dejar a los establecimientos a la deriva de una gestión escolar que cambia cada cuatro años.
Roles y competencias
3. Es urgente definir de manera precisa y diferenciada los roles y competencias de los directivos del sistema municipal de educación y sus niveles de gestión. La comunidad debe tener claridad sobre las responsabilidades y alcances de las atribuciones de quienes están a cargo de la administración comunal y de cada establecimiento escolar. No se puede eludir esta responsabilidad pensando en la quimera de un cambio o norma que nunca llega: claridad sobre las competencias de la escuela y del rol de la administración local y, por defecto, esclarecer aquello que está fuera del alcance de ambos y corresponde a los niveles superiores.
4. En la comuna tenemos que fortalecer la participación y el control ciudadano. Me parece necesario promover la generación de capacidades en los actores locales para que éstos puedan ejercer sus derechos debidamente, pero también tener claridad sobre sus deberes. Nuestra aspiración local debería ser tener una "comunidad educadora", que promueva el respeto a los docentes, el ejercicio responsable del poder directivo, la interlocución prudente de los padres con la escuela, el deber y la conciencia de los estudiantes de que las tareas de hoy anuncian su futuro personal.
Asegurar condiciones
Desde ya, nuestra administración local debe asumir que es su responsabilidad asegurar condiciones de educabilidad para todos, promover la multiplicidad de recursos y de redes educativas eficientes, asegurar la calidad y equidad de los servicios, así como monitorear el aprendizaje de los alumnos, incentivar el desarrollo de innovaciones y reconocer el desempeño de las mejores instituciones educativas y sus profesores. Pero, además, desarrollar acciones tendientes a trascender el ámbito estrictamente escolar, como la promoción de valores deseables, la participación y educación ciudadana, oportunidades para la población no escolarizada, apoyo a los padres para la educación de sus hijos, entre otros.
El Gobierno debe apoyar la generación de capacidades locales como las delineadas anteriormente y no competir por el control de las escuelas; debe colocar más recursos para fortalecer la gestión local y no pretender llegar con un funcionario hasta cada sala de clases de cada escuela del país; debe promover la generación de valores positivos entre los municipios del país, como la colaboración y la solidaridad, y no competir con ellos; tiene que dejar a los profesores tranquilos, creer en sus capacidades profesionales, apostando a su autonomía, creatividad y profesionalismo. En resumidas cuentas, tiene que confiar en los actores locales y escolares más que andar diciéndoles lo que tienen que hacer; por lo demás, ya hemos tenido casi veinte años de recetas únicas y uniformes, donde la tecnocracia autoritaria ha impuesto los contenidos, ha definido la estrategia e implementado un estilo de gestión educativa que ha despreciado las capacidades locales, las capacidades de los administradores y docentes del sistema municipal.
Insistir en esa vía es no haber aprendido que las experiencias más exitosas se basan en la confianza en los profesionales de la educación, en la capacidad de autoexigencia y autocontrol de los actores locales, los más interesados en que el servicio educativo sea de la calidad que exigen sus comunidades, para que de esa manera vuelvan los alumnos a los colegios municipales.